Hija mía, ¡Hija mía!
Contra viento y marea saco un tiempito para escribirte en éste, tu blog. Lo he tenido abandonado, abandonadísimo. Te amo. Te pido perdón... Aunque no sabes nada de este blog aún, siento necesidad de pedírtelo... O tal vez, pedirle perdón a Dios, o a mí mismo, por este abandono.
¡Tantas cosa han pasado! Contabas antes sólo hasta cuatro (¡uno, dos, tes, "cato", uno!). Ahora ya cuentas como hasta diez (eso me dice tu mami).
(...)
Hija mía, este blog es para ti y sobre ti, no sobre mis inquietudes. Me distraigo.
Eres hermosa. ¡Qué montón de cabello tienes! Tu cabello es rubio y brillante. Abundante y desordenado, ¡siempre desordenado! Me encanta. Tú estás siempre alegre. Eres un ejemplo para mí.
Dices cuando te levantas "¿Mami on ta?"... Y eres musical, muy musical. Me recibes mis clases de piano con atención. Tal vez lo más increíble es que... ¡recitas las notas musicales! Doooo, reeee... ¡Perfectas! Dios permita que seas lo que Él quiera, pero sería yo feliz si fueras artista, música... o si fueras algo relacionado con el arte... Pero lo mejor de todo es que, seas lo que seas, o seas madre de muchos hijos, o seas monja. Eso sí me haría feliz.
Ando rezando por ti, cuidando mi vista y mi tiempo; dándolo todo por ti y por tu mami, mi amada Liz.
Vamos a ver qué pasa con mi búsqueda de trabajo.
Te amo, Vero. Junto con Liz, eres lo más lindo de mi vida. Eres hermosa. HERMOSA.
¡Chao!